“Veo la sonrisa de mi hijo y se acaban los problemas”

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Con sólo 30 años Ona Carbonell es la veterana del equipo español de Natación Artística. Su experiencia es clave para sus compañeras, que la respetan y la admiran por igual. Para ellas, la catalana es como una madre. Dentro de la piscina es la líder de un combinado que en pocas semanas se jugará una plaza en Tokio. Pero el mayor reto de Ona está fuera del agua, en casa. Hace nueve meses ganó su medalla más importante: ser madre. Desde entonces, su vida ha cambiado. El deporte sigue siendo fundamental para ella, pero su prioridad es distinta: “Es lo mejor de la vida. Aunque esté cansada, tenga un mal entrenamiento o llore, veo su sonrisa y se acaban los problemas”

 

La natación artística española lleva muchos años en lo más alto del panorama internacional. El esfuerzo y el trabajo suele recompensarte con triunfos, éxitos y medallas. Es el caso de Ona Carbonell, que lleva desde los 14 años formando parte del equipo español. Ha participado en Campeonatos de Europa, en Campeonatos del Mundo y en Juegos Olímpicos. Precisamente en Londres, en 2012, ganó dos medallas y tocó el cielo. Eso pensaba ella. Y lo sigue pensando, aunque ahora con un matiz: tocó el cielo en su vida deportiva. En la personal lo hizo hace ahora nueve meses. Ona Carbonell fue madre en agosto de 2020. Desde entonces su prioridad tiene nombre y apellidos. Ahora, su esfuerzo es doble, o triple, porque todo ha cambiado para ella. La sirena catalana disfruta hoy de su primer día de la madre con Tokio como objetivo y con la felicidad de haber logrado su triunfo más importante: “Todo el mundo me decía que me cambiaría la vida, y efectivamente te cambia, tanto en lo personal como en lo profesional. Hasta que no empiezas a vivir el día a día no sabes cómo será. Entreno muchas horas, veo a mi hijo muy poco. Lo que peor llevo es que duermo muy poco. Para mí esto es lo más duro y cuando llego a casa no recupero como antes porque obviamente un niño tiene mucha demanda. Cada vez está más activo, pesa más y quiere marcha. Es difícil y es duro, pero también llegas a casa y es lo mejor de la vida. Aunque estés cansada o tengas un mal entrenamiento, aunque llores… veo su sonrisa y se acaban los problemas”.

A Ona Carbonell se le ve feliz. Cuando habla de su hijo siempre se le escapa una sonrisa. Ahora ve la vida de forma diferente. Tiene prioridades distintas. Valora todo mucho más y es capaz de dejar a un lado la parte deportiva si las cosas no le salen como ella quiere. La exigencia en los entrenamientos no ha bajado. Para llegar donde ha llegado y estar donde ella está hay que ser una deportista sobresaliente, una estrella mundial. Pero a sus 30 años, con un pasado y un presente sólo al alcance de unos pocos privilegiados, ve las cosas de forma diferente: “Todo lo valoro distinto. Tener un hijo te hace relativizar todo mucho más. Antes me obsesionaba cuando no me salía algo en el agua y pasada todo el día pensando en ello. Ahora tengo otras cosas mucho más importantes. Te cambian mucho las prioridades. Estoy luchando mucho para conseguir un objetivo con este grupo, pero para mí después de haber sido madre el objetivo es transmitir los valores que he aprendido en el deporte a este equipo. Una parte más humana y más de valores”.

La catalana lleva dieciséis años en el equipo nacional. Se ha ganado su papel de líder. Es el referente para sus compañeras y el espejo donde miran las más jóvenes. Porque las deportistas que empiezan en la natación artística quieren ser como Ona Carbonell. Su trayectoria, a pesar de tener muchos años por delante, la ha colocado donde merece. Para el resto del equipo español es como una madre, y ella asume feliz esa responsabilidad: “Al principio me daba como respeto. Cuando estamos en la tarima mis compañeras me dicen ¡venga mami! Me hace gracia porque me doy cuenta de que es verdad. Todas me dijeron que les hacía mucha ilusión normalizar esto porque debería ser más normal de lo que es. Mi papel ha cambiado. Desde hace tiempo quiero enseñar y transmitir valores y experiencia”.